Los tipos de bullying

En días pasados abordé el tema del acoso escolar o bullying a partir de haber observado en escuelas de Veracruz y el Estado de México estas prácticas cotidianas entre niños y adolescentes (“Bullying, nuevas formas del acoso escolar”, fin de semana, MILENIO, 28 de junio). Prácticas que también podemos observar en nuestros hogares, a las que comúnmente hemos llamado bromas pesadas. Sin embargo, la recurrencia de esta acción y sus diferentes facetas trasciende la frontera de la “simple bromita” y debiera alertarnos tanto a padres como a autoridades de los distintos niveles educativos para eliminar estas prácticas de nuestra vida cotidiana.

El acoso moral

Marie France Irigoyen, en su libro El acoso moral. El maltrato psicológico en la vida cotidiana(Paidós, 1999), plantea cómo este maltrato está asociado a una conducta perversa; en sí la palabra molesta, incomoda por tener una fuerte carga valorativa, una palabra que mejor la asociamos con conductas como las que se muestran en diversas películas en el cine o en tantas series televisivas que hoy irrumpen en nuestros hogares. Muchas de estas conductas se les atribuyen a los asesinos seriales.

Problemas socialesEn efecto, como psiquiatra, Irigoyen se ha especializado en la victimología como una rama de la criminología, a fin de entender y atender a las personas que padecen las secuelas de estas agresiones. En su práctica terapéutica, la experta se sorprendió de encontrar con mayor frecuencia a pacientes deprimidos, quienes se sentían destruidos por alguien.

Respecto del término “perverso”, Irigoyen afirma en la introducción de su libro: “Por supuesto, nombrar la perversión es grave. La mayoría de las veces, este término se reserva para actos de una gran crueldad, inimaginable incluso para los psiquiatras, como es el caso de los daños que ocasionan los asesinos en serie. Sin embargo, tanto si evocamos las agresiones sutiles de las que voy hablar en este libro, como si hablamos de los asesinos en serie, se trata de depredación, es decir, de un acto que consiste en apropiarse de la vida. (…) Dejar de nombrar la perversión es un acto todavía más grave, pues supone tolerar que la víctima permanezca indefensa, que sea agredida y se la pueda agredir a voluntad” (p. 14-15).

A continuación profundiza en el término depredador, dando cuenta en forma elocuente de lo que es el acosador moral, y lo que el bullying genera en la víctima.

Al respecto, la autora dice: “En mi práctica clínica como terapeuta me he visto obligada a comprender el sufrimiento de las víctimas y su incapacidad de defenderse. En este libro mostraré que el primer acto del depredador consiste en paralizar a su víctima para que no se pueda defender. De este modo, por mucho que la víctima intente comprender qué ocurre, no tiene las herramientas para hacerlo” (p. 15).

Sociólogos en México, como la maestra Lilia Pérez Franco, recomiendan no analizar el tema delbullying sólo como acoso escolar, sino también entender que en nuestras sociedades esta conducta ha ido permeando en distintos ámbitos y afecta tanto la vida social como emocional de un sinnúmero de personas en la edad juvenil y adulta, de manera casi imperceptible.

De acuerdo con Irigoyen, “a veces este maltrato se disfraza de educación. Alice Miller, que habla de pedagogía perversa, ha denunciado los perjuicios de esa educación tradicional que tiene el objetivo de quebrantar la voluntad del niño a fin de convertirlo en un ser dócil y obediente. Los niños se vuelven incapaces de reaccionar porque la fuerza y la autoridad aplastante de los adultos los silencian y pueden incluso hacerles perder conciencia”.

Sobre esto, cita que la Convención Internacional de los Derechos del Niño considera como maltrato psicológico “la violencia verbal, los comportamientos sádicos y despreciativos, la repulsa afectiva, las exigencias excesivas o desproporcionadas en relación con la edad del niño, las consignas e instrucciones educativas contradictorias o imposibles (Ibid., p. 37).

Seis tipos de bullying

Trixia Valle en su libro ¡Ya no quiero ir a la escuela! describe seis diferentes tipos de acoso.

Bullying sexual. Puede ser esa forma aparentemente distraída con que se toca a una persona y negar inmediatamente la acción. Presionar a una persona a hacer algo que no quiere, como por ejemplo ver pornografía; insistir en dar un beso cuando no se quiere; cuando se manipula o se condiciona el afecto o la amistad y se pone a prueba al otro a través del chantaje. El extremo de esta práctica es el abuso sexual, al usar la fuerza para obligar al otro a tener relaciones contra su voluntad.

Bullying de exclusión social. Tendencia a excluir al chico o chica que según el líder del grupito o de la banda es un “tonto”, “un nerd”, “un teto”, etc. Se le ignora, se le aísla de forma deliberada, se le aplica la famosa “ley del hielo”. Muchas veces la víctima tarda en entender la intención de tal exclusión y el conjunto se deleita al ejercer dicho rechazo.

Bullying psicológico. Infundir el temor en la víctima es el eje de esta práctica. Se le acecha, persigue, se le fuerza a hacer cosas que no quiere, como entrarle a las drogas o al alcohol. Se le intimida para causar miedo. El niño o joven vive con angustia el encontrarse con el abusador en los pasillos, patios o a la salida de la escuela. El agresor, al ejercer su poder, puede hacerlo casi de forma tiránica, más aún si el conjunto del grupo le atribuye cualidades de héroe por su audacia, su fuerza, su simpatía o incluso su patanería.

Bullying físico. Pasar al empujón, los jalones, a la pamba y finalmente a una golpiza colectiva en donde los cómplices alientan, observan complacidos o indiferentes y otros con celulares graban las riñas.

Ciberbullying. Hoy la práctica de grabar las riñas en las escuelas y subirlas al YouTube se ha convertido en una constante, como si fuera algo gracioso. Es una forma más de ridiculizar y devaluar al otro. A esto de asocian los espacios como el de La jaula, un portal que permitía que alumnos y alumnas de las diferente escuelas difundieran chismes, calumnias, groserías de cualquiera que no le cayera bien. Son espacios de denostación del otro, en donde el anonimato permite que los tonos de los insultos denigren la imagen de cualquiera. El abuso por internet tiene una expresión más alarmante, que es la de los acosadores adultos que se hacen pasar por jóvenes y que hábilmente a través de los foros (chat, Messenger, Hi Fi, etc.) consiguen seducir a sus víctimas con efectos graves en la salud física y mental de los jóvenes.

Bullying entre hermanos. Es común que en las familias, la interacción entre hermanos responda al lugar que ocupa cada uno según el orden de nacidos. Sin darse cuenta a veces, muchos padres promueven la competencia, lo que hace que se exacerbe la rivalidad. Ante ello, entre hermanos se tiende a ridiculizar lo que uno tiene de virtud y los otros no. Se desacredita o miente sobre cosas o actos que hace uno de ellos, pero se es incapaz de asumir las propias responsabilidades. En el espacio familiar la agresión traducida en el pellizco, zape, cerillito o empujones va generando una lucha permanente por ganar la aprobación y atención de los padres. La devaluación y estigma del hermano victimizado se traslada después a otros ámbitos de la vida.

Conclusión

Termino con esta cita de Irigoyen: “Los pequeños actos perversos son tan cotidianos que parecen normales. Empiezan con una sencilla falta de respeto, con una mentira, con una manipulación. Pero sólo los encontramos insoportables si nos afectan directamente. Luego, si el grupo social en el que aparecen no reacciona, estos actos se transforman progresivamente en verdaderas conductas perversas que tienen graves consecuencias para la salud psicológica de las víctimas. Al no tener la seguridad de que serán comprendidas, las víctimas callan y sufren en silencio (Ibid., p. 17).// Milenio

Los tipos de bullying Los tipos de bullying Reviewed by Blog on sábado, septiembre 08, 2012 Rating: 5

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